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El Corán señala el camino a la ciencia: La religión y la ciencia concuerdan siempre entre sí

Contenido
  1. Introducción
  2. Diseño inteligente, es decir, creación
  3. La religión impulsa la ciencia
  4. La religión garantiza que la ciencia esté bien orientada
  5. La religión y la ciencia concuerdan siempre entre sí
  6. Los milagros científicos del Corán
  7. Científicos creyentes
  8. Científicos creyentes que vivieron en el pasado
  9. Otros científicos creyentes que vivieron en el pasado
  10. Científicos creyentes de nuestra época
  11. Científicos musulmanes
  12. Otros científicos creyentes de nuestra época
  13. Conclusión
  14. Notas

Para ocultar sus derrotas frente a la ciencia, los materialistas ponen siempre en marcha diversos métodos de propaganda. Entre ellos destaca la afirmación de un «enfrentamiento entre la ciencia y la religión», convertida en el tema principal de los órganos de prensa materialistas. En las fuentes que difunden esta afirmación se cuentan historias ajenas a la verdad, como que la religión se ha opuesto a la ciencia a lo largo de la historia o que la ciencia solo puede desarrollarse cuando se abandona la religión.

En realidad, basta con echar un breve vistazo a la historia de la ciencia para ver que todas estas afirmaciones son falsas.

Si observamos la historia del islam, veremos que, junto con el Corán, también la ciencia entró en Oriente Medio. En la época preislámica, los árabes eran una sociedad que creía en toda clase de creencias falsas y supersticiones y que no realizaba ninguna observación del universo ni de la naturaleza. Sin embargo, con el islam esta sociedad se civilizó, aprendió a valorar el conocimiento y, obedeciendo los mandatos del Corán, comenzó a observar el universo y la naturaleza. No solo los árabes, sino muchas otras sociedades, como los persas, los turcos y los norteafricanos, se ilustraron al aceptar el islam. La perfección y los conocimientos que Allah enseña a las personas en el Corán abrieron el camino a la formación de una gran civilización, sobre todo en los siglos IX y X. Los numerosos sabios musulmanes que surgieron en esta época hicieron descubrimientos muy importantes en campos de la ciencia como la astronomía, las matemáticas, la geometría y la medicina.

Al-Ándalus, que ocupó un lugar central en la transmisión de la actividad científica a Europa y donde se formaron muchos de los científicos musulmanes, fue la cuna de enormes innovaciones y avances, sobre todo en el campo de la medicina. Los médicos musulmanes no se profesionalizaron en un solo campo, sino que se especializaron en ámbitos muy amplios, en particular la farmacología, la cirugía, la oftalmología, la obstetricia, la fisiología, la bacteriología y la higiene. Ibn Yulyul (?-992), que durante largos años estudió las plantas de interés médico y escribió obras sobre la historia de la medicina y sobre las plantas medicinales, y el médico tunecino Abu Yafar Ibn al-Yazzar (?-1009), que alcanzó la fama en el campo del diagnóstico y el tratamiento y del que hoy se conocen cerca de treinta obras, se cuentan entre los científicos más conocidos en materia de medicina. Abd al-Latif al-Baghdadi (1162-1231) es conocido por sus trabajos en el campo de la anatomía. Corrigió los errores cometidos en el pasado sobre la anatomía de muchos huesos del cuerpo, como la mandíbula inferior y el esternón. La obra de al-Baghdadi titulada «al-Ifada wa'l-I'tibar» fue revisada en 1788 y traducida al latín, al alemán y al francés. Su obra titulada «Maqala fi'l-Hawass», por su parte, trata de los cinco órganos de los sentidos.

Los anatomistas musulmanes determinaron también el número correcto de huesos del cráneo humano y que en el interior del oído hay tres pequeños huesos. A la cabeza de los científicos musulmanes dedicados a la anatomía se encuentra Ibn Sina (Avicena) (980-1037). Ibn Sina, que ya desde muy joven estudió literatura, matemáticas, geometría, física, ciencias naturales y lógica, fue conocido no solo en Oriente, sino también en Occidente. Su obra más famosa, «al-Qanun fi'l-Tibb» (El canon de medicina), fue escrita en árabe y, traducida al latín en el siglo XII, fue aceptada y utilizada como principal libro de texto en las universidades europeas hasta el siglo XVII. Además, escribió más de cien obras en los campos de la filosofía y las ciencias naturales. Gran parte de los conocimientos médicos que se exponen en el Canon no ha perdido su importancia ni siquiera hoy.

«Y también los seres humanos, los animales y el ganado tienen colores igualmente diversos. Entre Sus siervos, solo los que tienen conocimiento temen a Allah. Ciertamente, Allah es Poderoso, Perdonador.»

Corán, 35:28

«Allah atestigua que no hay más dios que Él. Los ángeles y los dotados de conocimiento, sometiéndose a la verdad y a la justicia, también dieron testimonio de que no hay ningún ser digno de adoración salvo Él, el Poderoso, el Sabio.»

Corán, 3:18

Zakariya al-Qazwini, que vivió entre 1203 y 1283, eliminó muchas ideas erróneas sobre el cerebro y el corazón que perduraban desde la época de Aristóteles. Sus conocimientos sobre el corazón y el cerebro son sumamente cercanos a los que tenemos hoy.

Zakariya al-Qazwini. Los trabajos en el campo de la anatomía de Hamdallah Mustawfi al-Qazwini (1281-1350) y de Ibn al-Nafis sentaron las bases de la medicina moderna. Ya en los siglos XIII y XIV, estos científicos mostraron la relación entre el corazón y los pulmones, que las arterias transportan sangre limpia y las venas sangre sucia, que la sangre se purifica en los pulmones y que la sangre limpia que vuelve al corazón es conducida por la aorta al cerebro y a los demás órganos del cuerpo.

El primer volumen de la obra en tres volúmenes de Ali ibn Isa (?-1038) sobre las enfermedades de los ojos, titulada «Tadhkirat al-Kahhalin fi'l-Ayn wa Amradiha», está dedicado por completo a la anatomía del ojo y ofrece una gran cantidad de información valiosa. Esta obra fue traducida más tarde al latín y al alemán.

Muhammad ibn Zakariya al-Razi (865-925), Burhan al-Din Nafis (?-1438), Ismail Jurjani (?-1136), Qutb al-Din al-Shirazi (1236-1310), Mansur ibn Muhammad y Abu al-Qasim al-Zahrawi son algunos de los sabios musulmanes que ocupan un lugar importante en la historia de la astronomía, las matemáticas, la medicina y la anatomía.

Junto a la medicina y la anatomía, los sabios musulmanes hicieron también importantes aportaciones en muchos otros campos. Al-Biruni, que vivió en el siglo XI, afirmó que la Tierra gira 600 años antes que Galileo y calculó el diámetro de la Tierra 700 años antes que Newton. Ali Qushji, que vivió en el siglo XV, trazó el primer mapa de la Luna, y hoy una región de la Luna lleva su nombre. Thabit ibn Qurra vivió en el siglo IX y descubrió el cálculo diferencial siglos antes que Newton. Al-Battani, que vivió en el siglo X, fue el primero en descubrir la trigonometría. Abu al-Wafa, que vivió en el mismo siglo, introdujo en la trigonometría los términos «secante» y «cosecante». Al-Juarismi escribió en el siglo IX el primer libro de álgebra. Al-Maghribi halló la fórmula conocida hoy como «triángulo de Pascal» 600 años antes que Pascal. Ibn al-Haytham, que vivió en el siglo XI, es el fundador de la óptica. Roger Bacon y Kepler se sirvieron de sus obras, y también Galileo inventó el telescopio aprovechando sus obras. Al-Kindi, por su parte, propuso la teoría de la relatividad 1100 años antes que Einstein. Akshamsaddin, que vivió unos 400 años antes que Pasteur, fue el primero en descubrir la existencia de los microbios. Ali ibn Abbas vivió en el siglo X y fue el primero en realizar una operación de cáncer. Ibn al-Yazzar, que vivió en la misma época, explicó las causas de la lepra y los métodos para tratarla. Como se ve, los sabios musulmanes, de los que solo se han enumerado unos pocos nombres, hicieron importantes descubrimientos que sentaron las bases de la ciencia moderna.

Al-Biruni fue un científico musulmán que vivió en el siglo XI. Demostró que la Tierra se mueve 600 años antes que Galileo y calculó el diámetro del globo terrestre 700 años antes que Newton.
Al-Biruni fue un científico musulmán que vivió en el siglo XI. Demostró que la Tierra se mueve 600 años antes que Galileo y calculó el diámetro del globo terrestre 700 años antes que Newton.
Ali Qushji trazó en el siglo XV el primer mapa de la Luna; hoy un lugar de la Luna lleva su nombre.
Ali Qushji trazó en el siglo XV el primer mapa de la Luna; hoy un lugar de la Luna lleva su nombre.

Cuando observamos la civilización occidental, vemos que el nacimiento de la ciencia moderna se basó igualmente en la fe en Allah. El siglo XVII, conocido como la «época de la Revolución Científica», es rico en científicos que investigaron con el propósito de descubrir el universo y la naturaleza creados por Allah. Todas las instituciones científicas fundadas en esta época en países como Inglaterra y Francia tenían el propósito de «conocer a Allah descubriendo Sus leyes». Personas como Newton, Kepler, Copérnico, Bacon, Galileo, Pascal, Boyle, Paley y Cuvier son solo algunos de los científicos que hicieron importantes aportaciones al mundo de la ciencia y que, al mismo tiempo, eran conocidos por su fe en Allah (para más información, véase la sección Científicos creyentes).

Estos científicos fueron personas que creían en Allah y que desarrollaron su actividad científica con el entusiasmo nacido de esa fe. Uno de los ejemplos de esta verdad es la serie de obras organizada en Inglaterra a comienzos del siglo XIX y conocida con el nombre de «Bridgewater Treatises». Muchos científicos investigaron en diversos campos de la ciencia y consideraron los resultados obtenidos como «pruebas de la armonía y la concordancia que Allah ha creado en el universo y en la naturaleza». El método que emplearon estos científicos se expresó con el concepto de «Natural Theology» (teología natural), que significa «conocer a Allah a través de la naturaleza».

El libro más famoso incluido en los «Bridgewater Treatises» es el titulado «Teología natural, o pruebas de la existencia y los atributos de la Divinidad, extraídas de las apariencias de la naturaleza» (Natural Theology), publicado en 1802 por William Paley, conocido científico de su época. En este libro, Paley ofreció una información anatómica sumamente exhaustiva y dio ejemplos de los «diseños» presentes en los organismos de los seres vivos.

Más tarde, inspirándose en la obra de Paley, se emitió una declaración en nombre de la Royal Society. En la declaración se recomendaba a los científicos investigar sobre los siguientes temas:

Sobre el Poder, la Sabiduría y la Bondad de Allah, todas las pruebas y explicaciones racionales que muestran Su creación. Por ejemplo, la variedad y la formación de las criaturas de Allah entre los animales, las plantas o los minerales, los detalles de la digestión y de la disolución (de los alimentos), los ejemplos de «diseño» construidos por el ser humano y cualquier otro argumento racional, los campos de la ciencia y del arte antiguos y modernos y toda la literatura...

Muchos científicos se sumaron a este llamamiento a exponer las pruebas de la existencia de Allah, y se publicaron, una tras otra, obras científicas muy importantes. Las obras publicadas en los «Bridgewater Treatises» y sus autores son las siguientes:

– La adaptación de la naturaleza a la constitución moral e intelectual del hombre (Thomas Chalmers, 1833)

– Química, meteorología y digestión (William Prout, M.D., 1834)

– Los instintos, los hábitos y la historia de los animales (William Kirby, 1835)

– La mano humana: un ejemplo de diseño (Charles Bell, 1837)

– Geología y mineralogía (Dean Buckland, 1837)

– La adaptación de la naturaleza a la constitución física del hombre (J. Kidd, M.D., 1837)

– Astronomía y física general (William Whewell, 1839)

– Fisiología animal y vegetal (P. M. Roget, M.D., 1840)

Los «Bridgewater Treatises» son uno de los muchos ejemplos que muestran la concordancia entre la religión y la ciencia. El propósito de otros muchos trabajos científicos realizados antes y después de estas obras fue conocer el universo creado por Allah y comprender por este camino Su grandeza.

El alejamiento del mundo de la ciencia de esta dirección es, por su parte, consecuencia de que la filosofía materialista llegara a dominar la civilización occidental del siglo XIX como resultado de una serie de condiciones sociales y políticas. Este proceso se expresó del modo más claro con la teoría de la evolución de Darwin y comenzó a presentar la ciencia y la religión, en total contraste con la situación anterior, como dos fuentes de conocimiento contrarias entre sí.

Los investigadores británicos Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln lo explican así:

«Siglo y medio antes de Darwin, la ciencia no estaba separada de la religión; al contrario, formaba parte de ella y su fin último era servirla... Pero la ciencia de la época de Darwin se apartó del sentido que había tenido hasta entonces y se impuso como rival absoluto de la religión y como concepto alternativo. A partir de entonces, la humanidad se vería obligada a elegir entre ambas».40

Sin embargo, hoy la ciencia, gracias a sus propios descubrimientos, desmiente esta separación forzada que se ha querido introducir entre la religión y la ciencia. La religión nos enseña que el universo fue creado de la nada, y la ciencia encuentra las pruebas de esta verdad. La religión nos enseña que Allah creó a los seres vivos, y la ciencia expone las pruebas de esta verdad con el orden que descubre en el mundo de los seres vivos. Michael Denton dice en su libro «Nature's Destiny» (El destino de la naturaleza): «la ciencia, considerada en otro tiempo el mayor aliado del ateísmo y del escepticismo, al concluir por fin el segundo milenio y en esta época que vivimos, se ha convertido, tal como deseaban en su día Newton y sus partidarios, en el mayor defensor de la fe antropocéntrica». La fe antropocéntrica es la creencia de que Allah creó el mundo para los seres humanos.

Esta conclusión a la que ha llegado la ciencia hace que cada vez más científicos crean sinceramente en Allah. El conocido bioquímico Michael Behe expresa esta verdad diciendo: «El número de científicos que creen en un Creador o en la existencia de una realidad más allá de la naturaleza es mayor de lo que se dice en los relatos de los medios populares: no hay razón para pensar que los científicos sean diferentes, en este aspecto, de los creyentes, que constituyen el 90% de la población general».42

Ante esta conclusión a la que ha llegado la ciencia, los materialistas intentan intimidar al mundo de la ciencia poniendo en marcha una serie de mecanismos de presión.

En los países occidentales, para que un científico progrese, obtenga grados académicos como los de profesor titular o catedrático y publique sus trabajos en revistas científicas, debe cumplir ciertos estándares. Aceptar sin reservas la teoría de la evolución es el estándar número uno. Por eso, algunos científicos aceptan cuentos darwinistas en los que en realidad no creen en absoluto y dejan de lado las pruebas de la creación. En el artículo titulado «Scientists and Religion in America» (Los científicos y la religión en América), publicado en el número de septiembre de 1999 de la revista «Scientific American», Rodney Stark, sociólogo de la Universidad de Washington, explicó así la presión que se ejerce sobre los científicos:

«Durante 200 años se ha vendido la idea de que “si quieres ser científico, tu mente debe estar libre de todas las cadenas de la religión”... En las universidades las personas religiosas callan y se da preferencia a los no religiosos. En los escalafones superiores existe un sistema que recompensa la irreligiosidad».43

Otro ejemplo de esta lucha sistemática que los materialistas libran contra la religión son los métodos de propaganda que mencionamos al principio. Afirmaciones como «la religión está en contradicción con la ciencia» o «la ciencia debe ser materialista» son los elementos principales de esta propaganda. Veamos ahora por qué estas afirmaciones carecen de todo aspecto lógico y coherente.

La actitud de la Iglesia medieval hacia los científicos

Los círculos contrarios a la religión utilizan con frecuencia las ideas y la actitud erróneas de la Iglesia medieval respecto a la ciencia como arma contra la religión. Se dice que la Iglesia frenó el progreso de Europa y la sumió en la miseria. La razón que hay detrás de estos intentos es asociar la Iglesia medieval con la religión y, de ese modo, decir a la gente: «si llega la religión, nos hundiremos en las tinieblas de la Edad Media». En realidad, sin embargo, la verdadera religión no consiste en las ideas y la actitud de la Iglesia medieval.

La Iglesia medieval se había alejado de la revelación transmitida por el Profeta Jesús y había planteado algunas ideas ajenas a la religión. Las ideas de la Iglesia, dirigida, sobre todo por la clase clerical, en completo alejamiento de la fuente divina en beneficio de ciertos círculos, perjudicaron sin duda también a la ciencia. Pero este hecho histórico, por supuesto, no puede aplicarse a la religión del islam. Porque el islam no se basa, como la Iglesia medieval, en las supersticiones de una clase clerical, sino única y exclusivamente en el Corán, que es la palabra de Allah.

Una clara muestra de que la conservadora Iglesia medieval no tenía ninguna relación con la devoción es que científicos como Galileo, que sufrieron las presiones de esta Iglesia, eran en realidad personas sumamente devotas. (En la segunda sección de esta guía se dará información más detallada sobre las creencias de estos científicos). Este ejemplo muestra una vez más que la presión que el pensamiento escolástico ejerció sobre la ciencia no fue consecuencia de la devoción, sino de la distorsión de la religión.

El Corán, en cambio, es la revelación de Allah, no ha sufrido ningún cambio y no se ha alterado ni una sola de sus letras. Por eso no hay en el Corán la menor contradicción ni error. La información que Allah da en el Corán coincide con los descubrimientos científicos. Es más, muchas verdades científicas descubiertas apenas en nuestro siglo fueron comunicadas a las personas en el Corán hace 1400 años. Este es un importante milagro del Corán y una de las pruebas concluyentes de que es la revelación de Allah. (En las secciones siguientes se tratarán algunas de las verdades científicas reveladas en el Corán).

La afirmación de que «la ciencia debe ser materialista»

Otro instrumento de propaganda de los materialistas es la afirmación estereotipada de que «la ciencia solo estudia la materia y, por lo tanto, debe ser materialista».

En realidad, esto no es más que un juego de palabras que cualquier persona que piense un poco comprenderá de inmediato. Es cierto que la ciencia estudia la materia, pero eso no significa que «la ciencia deba ser materialista». Porque «estudiar la materia» y «ser materialista» son cosas muy diferentes.

Al estudiar la materia llegamos a la conclusión de que esta ha surgido como resultado de un conocimiento y un diseño inmensos. Aunque no veamos al diseñador de este conocimiento y este diseño, comprendemos que ha sido producido de manera consciente. Imaginemos, por ejemplo, una cueva de la que no estamos seguros de si alguien entró en ella antes que nosotros. Si al entrar en esta cueva encontramos en sus paredes pinturas asombrosas trazadas con enorme maestría, pensaremos: «antes que nosotros estuvo aquí un ser inteligente y creó aquí estas obras». Aunque nunca veamos a ese ser inteligente, comprendemos su existencia por sus obras.

La ciencia estudia la naturaleza precisamente con estos métodos y revela que en ella existe un orden que de ningún modo puede explicarse en términos materiales y que se trata de un diseño que solo pudo ser creado por una Inteligencia superior que está por encima de la materia. En otras palabras, ve en todos los rincones del mundo material pruebas evidentes de la existencia y el dominio de Allah.

Los enfoques conservadores y fanáticos de los materialistas

Por supuesto, toda persona que sostenga una determinada opinión es libre de comprobar si su opinión se confirma desde el punto de vista de las verdades científicas y de realizar investigaciones científicas al respecto. Por ejemplo, una persona puede adelantarse y afirmar que la Tierra es plana, y puede investigar sobre este tema. Pero lo importante es cómo valorará esa persona los resultados científicos con los que se encuentre. Entre los hechos científicos se encontrará con innumerables pruebas de que la Tierra tiene forma esférica. En tal caso, esta persona debe actuar con justicia, aceptar la verdad y abandonar su afirmación anterior.

La misma situación se aplica al materialismo. La ciencia ha demostrado que la materia no es un ser absoluto, sino que tuvo un comienzo. Asimismo, ha mostrado que en la materia hay un diseño extraordinario. Los científicos materialistas que estudian la materia también han sido testigos de que sus teorías no son correctas y de que la verdad es exactamente lo contrario de lo que creen.

Sin embargo, resulta curioso que estas personas se hayan aferrado ciegamente al materialismo y se obstinen en no renunciar a esta «creencia». Richard Lewontin, conocido evolucionista de cosmovisión materialista y profesor de genética de la Universidad de Harvard, reconoce así este comportamiento materialista fanático:

«Tenemos una creencia en el materialismo, una creencia “a priori” (aceptada de antemano y considerada verdadera). No son los métodos y las leyes de la ciencia lo que nos obliga a dar una explicación materialista del mundo. Al contrario, debido a nuestra adhesión a priori al materialismo, construimos métodos de investigación y conceptos que ofrecen una explicación materialista del mundo. Puesto que el materialismo es absolutamente verdadero, no debemos permitir que una explicación divina entre en escena».44

Lewontin expresa abiertamente la forma de pensar de todos los materialistas. Como indica en estas palabras, los materialistas primero adoptan la ideología materialista y después buscan información que confirme esta ideología. Es decir, el materialismo no es una conclusión a la que hayan llegado mediante la investigación científica, sino un juicio erróneo que intentan imponer a la ciencia.

La misma situación puede verse en la forma de pensar de otro evolucionista. El conocido evolucionista Robert Shapiro expresó así su fidelidad a la teoría de la evolución en su libro «Origins: A Skeptic's Guide to the Creation of Life on Earth» (Orígenes: guía de un escéptico sobre la creación de la vida en la Tierra):

«Entre ellos hay quienes te escuchan. Pero hemos puesto velos sobre sus corazones para que no lo comprendan (el Corán) y sordera (pesadez) en sus oídos. Aunque vieran cualquier milagro, seguirían sin creer en él; e incluso, cuando vienen a ti, discuten contigo. Los que no creen dicen:

“¡Esto no es más que leyendas inventadas por los antiguos!”»

Corán, 6:25

«Puede que algún día en el futuro todos los experimentos químicos razonables demuestren que el origen posible de la vida es completamente erróneo. Asimismo, nuevas pruebas geológicas pueden mostrar que la vida apareció de repente en la Tierra. Por último, tras explorar todo el universo, puede que no encontremos en ningún otro lugar rastro alguno de vida ni de un proceso que conduzca a la vida. En tal situación, algunos científicos podrían recurrir a la religión para encontrar una respuesta. Otros, sin embargo, entre los que me incluyo, intentarán buscar entre las explicaciones científicas restantes, menos probables, una posible para elegirla y proponerla».45

Lo que Shapiro señala al decir «seguiremos buscando una explicación científica» es, en realidad, una «explicación materialista». Esta adhesión ciega al materialismo arrastra a Shapiro y a miles de personas como él a una negación fanática. Lo que en realidad quieren decir es esta frase: «Veamos las pruebas que veamos, no creeremos en Allah».

Curiosamente, este engaño no es exclusivo de los materialistas de nuestra época. Allah da en el Corán información importante sobre este tipo de personas que se obstinan en negarlo. Por ejemplo, los egipcios que, ante los numerosos milagros que les mostró, dijeron lo siguiente al Profeta Moisés tienen el mismo carácter que los materialistas modernos:

«¡Sea cual sea el milagro (la aleya) que nos traigas para hechizarnos con él, no creeremos en ti!»

Corán, 7:132

En otras aleyas, Allah habla así de este tipo de personas:

«Entre ellos (los idólatras) hay quienes te escuchan. Pero hemos puesto velos sobre sus corazones para que no lo comprendan y sordera en sus oídos. Aunque vieran cualquier milagro, seguirían sin creer en él. E incluso, cuando vienen a ti, discuten contigo. Los que no creen dicen:

“¡Esto no es más que leyendas (cuentos) de los antiguos!”».

Corán, 6:25

«Juraron por Allah con sus juramentos más solemnes que, si les llegara una aleya, sin duda creerían en ella. Di: “Las aleyas solo están junto a Allah. ¿Y qué sabéis vosotros? Aunque les llegara una aleya (un milagro), tampoco creerían”».

Corán, 6:109