El estilo incomparable del Corán y su sabiduría superior son una prueba concluyente de que es la palabra de Allah. Además, el Corán posee numerosas características milagrosas que demuestran que fue revelado por Allah. Una de estas características es que verdades científicas sacadas a la luz por la tecnología del siglo XX fueron anunciadas en el Corán hace 1400 años.
Por supuesto, el Corán no es un libro de ciencia. Sin embargo, algunas verdades científicas expuestas en varias de sus aleyas de un modo sumamente detallado y sabio solo se descubrieron con la tecnología del siglo XX. Esta información, que era imposible demostrar científicamente en la época en que se reveló el Corán, prueba una vez más a las personas de nuestro tiempo que el Corán es la palabra de Allah.
Para comprender el milagro científico del Corán, primero hay que echar un vistazo al nivel de la ciencia en la época en que fue revelado este Libro Divino.
En el siglo en que se reveló el Corán, la sociedad árabe tenía muchas supersticiones y creencias falsas sobre cuestiones científicas. Los árabes, que no disponían de tecnología para estudiar el universo y la naturaleza, creían en leyendas transmitidas de generación en generación. Por ejemplo, pensaban que el cielo se sostenía en lo alto gracias a las montañas. Según esta creencia, la Tierra era plana y a ambos lados tenía altas montañas. Pensaban que cada una de estas montañas sostenía en lo alto la bóveda celeste como una columna.
Pero todas estas creencias falsas de la sociedad árabe desaparecieron con las aleyas reveladas por Allah. Por ejemplo, esta aleya indica que la creencia de que el cielo se mantiene en lo alto gracias a las montañas no es cierta:
«Allah es Quien elevó los cielos sin columnas que podáis ver...»
Sobre muchos otros temas similares, el Corán ofrecía información importante que nadie de aquella época conocía.
El Corán, revelado en una época en que las personas tenían muy pocos conocimientos de astronomía, física o biología, contenía información exacta y correcta sobre muchos temas, desde la creación del universo hasta la creación del ser humano, y desde la estructura de la atmósfera hasta las leyes que rigen la Tierra.
Veamos ahora algunos de estos milagros científicos del Corán.
Esta información que Allah da en el Corán coincide plenamente con los descubrimientos científicos modernos. La conclusión precisa a la que ha llegado hoy la astrofísica es que todo el universo, junto con las dimensiones de la materia y el tiempo, surgió en el instante cero mediante una gran explosión. La teoría de la «Gran Explosión», conocida por su nombre original como «Big Bang», ha demostrado que todo el universo surgió de la nada hace unos 15.000 millones de años con la explosión de un único punto. La teoría del Big Bang es hoy la explicación científica aceptada de manera común por todos los círculos científicos sobre la formación y el comienzo del universo.
Antes del «Big Bang» no existía nada a lo que pudiera llamarse materia. La materia, la energía y el tiempo fueron creados en un estado de inexistencia, concebible solo de forma totalmente metafísica, en el que no existían ni la materia, ni la energía, ni siquiera el tiempo. Allah nos comunicó en el Corán hace 1400 años esta gran verdad descubierta por la física moderna.
La expansión del universo
En el Sagrado Corán, revelado hace 14 siglos, en una época en que la astronomía aún no se había desarrollado, se anuncia así que el universo se expande:
«Hemos construido el cielo con Nuestro poder y somos Nosotros quienes lo estamos expandiendo».
La palabra «cielo» de la aleya se emplea en muchos lugares del Corán con el significado de «espacio» y «universo». Aquí también tiene este significado. Es decir, Allah indicó en el Corán que el universo se expande. Esta es también la conclusión a la que ha llegado hoy la ciencia.
Hasta comienzos de nuestro siglo, la única idea que dominaba en el mundo de la ciencia era que «el universo tiene una estructura estática y existe desde la eternidad». Sin embargo, en nuestra época, las investigaciones, observaciones y cálculos realizados con ayuda de la tecnología revelaron que el universo tuvo un comienzo y que se «expande» continuamente.
El físico ruso Alexander Friedmann y el astrofísico belga Georges Lemaître calcularon teóricamente a comienzos del siglo XX que el universo está en constante movimiento y que se expande.
Esta verdad quedó demostrada también mediante la observación en 1929. Al estudiar el cielo con un telescopio gigante, el astrónomo estadounidense Edwin Hubble descubrió que las estrellas y las galaxias se alejan continuamente unas de otras. Un universo en el que todo se aleja continuamente de todo significaba un universo que se «expande» continuamente. La expansión del universo fue confirmada también con las observaciones realizadas en los años siguientes.
Sin embargo, esta verdad ya había sido expuesta en el Corán cuando todavía no la conocía ningún ser humano. Porque el Corán es la palabra de Allah, Creador y Soberano de todo el universo.
Las órbitas
Al dar información en el Corán sobre el Sol y la Luna, Allah indicó también que cada uno de ellos tiene una órbita determinada:
«Él es Quien creó la noche y el día, el Sol y la Luna. Cada uno de ellos navega en una esfera (propia)».
Estas verdades anunciadas en el Corán han sido descubiertas mediante las observaciones astronómicas de nuestra época. Según los cálculos de los astrónomos, el Sol se desplaza a una velocidad de 720.000 kilómetros por hora en dirección a la estrella Vega, a lo largo de una órbita denominada «Solar Apex». Según este cálculo, el Sol recorre 17.280.000 km al día. Junto con el Sol, todos los planetas y satélites que se encuentran bajo su fuerza de gravedad recorren también la misma distancia. Además, todas las estrellas del universo tienen igualmente un movimiento planificado semejante.
Allah anuncia también en el Corán que las órbitas de todo el universo han sido determinadas de este modo:
«Por el cielo surcado de caminos (de diversas estrellas)...»
En el universo existen aproximadamente 200.000 millones de galaxias, y en cada galaxia hay unos 200.000 millones de estrellas. La mayoría de estas estrellas tienen planetas, y estos planetas tienen satélites. Todos estos cuerpos celestes tienen órbitas determinadas con gran precisión y, desde hace millones de años, cada uno se mueve en su propia órbita en perfecta armonía y orden con los demás. Además de ellos, hay muchos cometas que también se mueven a lo largo de órbitas determinadas.
Las órbitas del universo no son exclusivas de los cuerpos celestes. También las galaxias se mueven a una velocidad asombrosa sobre órbitas planificadas y precisas. Al moverse así, no chocan con ningún cuerpo celeste ni se cruzan sus caminos. Es más, se ha observado que algunas galaxias pasan unas a través de otras sin tocarse.
Por supuesto, en la época en que se reveló el Corán, la humanidad no disponía, como hoy, de telescopios capaces de observar el espacio a millones de kilómetros de distancia, ni de tecnologías de observación avanzadas, ni de conocimientos físicos y astronómicos modernos. Por consiguiente, era imposible establecer científicamente en aquella época que el universo, como se indica en la aleya, «está surcado de caminos (de diversas estrellas)». Solo en el Sagrado Corán, revelado en aquella época, se nos comunicó claramente esta verdad, porque el Corán es la palabra de Allah.
El techo protector
En el Corán, Allah llama la atención sobre una interesante característica del cielo de esta manera:
«Hicimos del cielo un techo protegido y preservado. Y, sin embargo, ellos (los incrédulos) se apartan de Nuestras aleyas».
Esta característica del cielo quedó demostrada con las investigaciones científicas del siglo XX.
La atmósfera que rodea la Tierra por todas partes cumple funciones de importancia vital para la continuidad de la vida. Funde y destruye una gran cantidad de meteoritos, grandes y pequeños, que se acercan a la Tierra, e impide que caigan sobre la superficie terrestre y causen grandes daños a los seres vivos.
Como se ve en esta imagen representativa, los cometas son una fuente de peligro muy importante para nuestro mundo. Pero Allah, con Su creación perfecta, ha hecho de la atmósfera un techo protector.
Además, la atmósfera filtra los rayos procedentes del espacio que son perjudiciales para los seres vivos. Curiosamente, la atmósfera solo deja pasar los rayos en cantidades inofensivas, es decir, la luz, los rayos infrarrojos y las ondas de radio. Porque estos son los rayos necesarios para la vida. Los rayos ultravioleta que la atmósfera deja pasar en cierta cantidad tienen una gran importancia para el proceso de fotosíntesis de las plantas y, en consecuencia, para la supervivencia de todos los seres vivos. La mayor parte de los intensos rayos ultravioleta emitidos por el Sol se filtra en la capa de ozono de la atmósfera, y a la superficie de la Tierra solo llega la pequeña parte necesaria para la vida.
La característica protectora de la atmósfera no termina aquí. La Tierra está protegida, también gracias a la atmósfera, del frío glacial del espacio, de unos -270 grados.
No es solo la atmósfera la que protege a la Tierra de los efectos dañinos. Junto con la atmósfera, una capa formada en el campo magnético terrestre y denominada «cinturones de Van Allen» actúa también como escudo frente a los rayos dañinos que llegan a nuestro planeta. Estos rayos, emitidos continuamente por el Sol y las demás estrellas, tienen un efecto mortal para los seres humanos. En particular, las explosiones de energía denominadas «fulguraciones», que se producen con frecuencia en el Sol, tienen fuerza suficiente para destruir toda la vida en la Tierra si no existieran los «cinturones de Van Allen».
Se ha determinado que la energía liberada en una fulguración ocurrida en años pasados era 100.000 millones de veces más potente que la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima. 58 horas después de la explosión se observaron movimientos excesivos en las agujas de las brújulas, y a 250 km de altura en la atmósfera terrestre la temperatura subió bruscamente hasta los 2500 °C.
En resumen, sobre la Tierra funciona un sistema perfecto que la rodea y la protege de los peligros exteriores. Allah nos comunicó hace siglos en el Corán esta característica del cielo como escudo protector.
El cielo que devuelve
En el Sagrado Corán, la aleya 11 de la sura at-Tariq habla de la característica del cielo de «devolver».
La palabra traducida en la aleya como «que devuelve» significa «que hace volver» o «que hace circular de nuevo».
Curiosamente, esta característica del cielo indicada en el Corán se estableció científicamente siglos después de la revelación del Corán.
Se sabe que la atmósfera que rodea la Tierra está formada por varias capas. Cada capa tiene una función importante al servicio de la protección de la vida. Al estudiarlas, se ha determinado que cada capa tiene la propiedad de devolver al espacio o a la superficie terrestre la materia o los rayos que llegan a ella.
Por ejemplo, la troposfera, situada a 13-15 km de altura, hace que el vapor de agua que asciende desde la superficie terrestre se condense y vuelva convertido en lluvia.
La ozonosfera, situada a 25 km de altura, refleja la radiación y los rayos ultravioleta dañinos que llegan del espacio y hace que vuelvan al espacio antes de alcanzar la superficie terrestre.
La capa de la ionosfera, por su parte, refleja como un satélite las ondas de radio emitidas desde la superficie terrestre hacia diferentes regiones de la Tierra, lo que permite captar a grandes distancias las emisiones de los teléfonos inalámbricos, la radio y la televisión.
La capa de la magnetosfera de la atmósfera, por su parte, devuelve al espacio las partículas radiactivas dañinas emitidas por el Sol y las demás estrellas antes de que alcancen la superficie terrestre.
Las capas de la atmósfera
Una de las informaciones que Allah da sobre el universo en las aleyas del Corán es que el cielo está ordenado en siete capas:
«¡Él es Quien creó para vosotros todo lo que hay en la Tierra; luego se dirigió al cielo y lo ordenó en siete cielos! ¡Él lo sabe todo!»
En el Corán, la palabra cielo se emplea tanto para expresar todo el universo como para expresar el cielo que hay sobre la Tierra. Si tomamos la palabra en este sentido, se deduce que el cielo que hay sobre la Tierra, en otras palabras, la atmósfera, está formado por 7 capas.
En efecto, hoy se sabe que la atmósfera terrestre está compuesta por diferentes capas superpuestas. Y, además, tal como se indica en la aleya, por exactamente siete capas principales...
Los científicos descubrieron que la atmósfera está formada por muchas capas. Las capas se diferencian entre sí por características físicas claras, como su presión y la combinación de gases que las forman... La capa de la atmósfera más cercana a la Tierra es la «TROPOSFERA». Contiene el 90% de la masa total de la atmósfera... La capa situada sobre la troposfera es la «ESTRATOSFERA»... La capa de la estratosfera en la que se absorben los rayos ultravioleta se llama «OZONOSFERA»... La capa situada sobre la estratosfera se denomina «MESOSFERA»... Sobre la mesosfera se encuentra la «TERMOSFERA»... Los gases ionizados forman dentro de la termosfera una capa llamada «IONOSFERA»... La capa superior de la atmósfera terrestre se extiende desde los 450 km hasta los 960 km. Esta capa se llama «EXOSFERA».46
Al contar las capas mencionadas en esta fuente, vemos que la atmósfera está formada, tal como se indica en la aleya, por exactamente 7 capas:
1- TROPOSFERA 2- ESTRATOSFERA 3- OZONOSFERA 4- MESOSFERA 5- TERMOSFERA 6- IONOSFERA 7- EXOSFERA Otro milagro importante relacionado con este tema se expresa en la frase de la aleya 12 de la sura Fussilat: «y reveló a cada cielo su función». Es decir, se anuncia que Allah ha asignado una función determinada a cada capa. En efecto, como vimos en las secciones anteriores, cada una de las capas que hemos enumerado más arriba cumple funciones de importancia vital en beneficio de los seres humanos y de todos los seres vivos de la Tierra. Desde la formación de la lluvia hasta el bloqueo de los rayos dañinos, desde la reflexión de las ondas de radio hasta la neutralización de los meteoritos, cada capa tiene una función determinada que le es propia.
Que esta información, imposible de obtener sin la tecnología del siglo XX, se exponga claramente en el Sagrado Corán, revelado hace 1400 años, es un milagro enorme.
La función de las montañas
El Corán llama la atención sobre la importante función geológica de las montañas:
«Y pusimos en la Tierra montañas firmes para que no se sacudiera con ellos...»
Si se presta atención, se anuncia que las montañas tienen la propiedad de impedir las sacudidas de la Tierra.
Esta verdad, que ningún ser humano conocía en la época en que se reveló el Corán, se ha dado a conocer como resultado de los descubrimientos de la geología moderna. Según los descubrimientos geológicos, las montañas se forman como resultado de los movimientos y las colisiones de las enormes placas que forman la corteza terrestre.
Cuando dos placas chocan, la más resistente se introduce bajo la otra. La placa que queda encima se eleva y forma las montañas. La placa que queda debajo, en cambio, se desplaza bajo tierra y forma una profunda prolongación hacia abajo. Es decir, las montañas tienen raíces que se extienden bajo tierra tanto como las partes que vemos sobre la superficie.
De este modo, en los puntos de unión de las placas terrestres, las montañas se extienden hacia arriba y hacia abajo de la superficie y sujetan estas placas entre sí. Así, al estabilizar la corteza terrestre, impiden que se deslice sobre la capa de magma o entre sus propias placas. En resumen, podemos comparar las montañas con los clavos que unen las tablas.
En otra aleya, Allah compara las montañas con «estacas» por esta función, diciendo así:
«¿Acaso no hemos hecho de la Tierra un lecho? ¿Y de las montañas, estacas?»
Esta propiedad estabilizadora de las montañas se expresa en la literatura científica con el término «isostasia». El significado de isostasia es el siguiente:
«Isostasia: en geología, el mantenimiento del equilibrio general de la corteza terrestre gracias a la fuerza de gravedad que las montañas generan bajo la superficie terrestre».47
Como se ve, una función muy importante de las montañas, descubierta como resultado de las investigaciones geológicas y sísmicas modernas, fue anunciada en el Sagrado Corán, revelado hace siglos, como ejemplo de la sabiduría superior que demuestra la existencia de Allah. En otra aleya se dice así:
«Allah creó los cielos sin columnas que podáis ver, (y puso en la Tierra montañas firmes) para que no se tambaleara con vosotros...»
En el Corán, al indicar que para Allah es muy fácil resucitar a las personas después de la muerte, se llama la atención especialmente sobre las yemas de los dedos de las personas:
«¿Acaso cree el hombre que no podremos reunir sus huesos (el Día de la Resurrección)? ¡Claro que sí! ¡Somos capaces incluso de recomponer las yemas de sus dedos!»
El énfasis en las yemas de los dedos encierra una gran sabiduría. Porque las huellas dactilares de cada persona le pertenecen exclusivamente. La huella dactilar de cada persona que vive en el mundo es diferente de la de los demás. Asimismo, las de las personas que han vivido a lo largo de la historia son también diferentes entre sí.
Precisamente por eso, la huella dactilar se considera un «documento de identidad» muy importante y propio de cada persona, y se utiliza con este fin en todo el mundo.
Pero lo importante aquí es que la huella dactilar no se descubrió hasta finales del siglo XIX. Antes de eso, las personas consideraban las huellas dactilares unas líneas sin ninguna característica ni significado. Sin embargo, el Corán destaca las huellas dactilares, que en aquella época no llamaban la atención de nadie, y llama la atención sobre la importancia de estas huellas, conocida solo en nuestra época.
El movimiento de las montañas
En una aleya se indica que las montañas no están inmóviles como parecen, sino que se mueven continuamente:
«Ves las montañas y las crees inmóviles, pero pasan como pasan las nubes».
El movimiento de las montañas se debe al movimiento de la corteza terrestre sobre la que se encuentran. La corteza terrestre se mueve como si flotara sobre la capa del manto, más densa que ella. A comienzos de este siglo, un científico alemán llamado Alfred Wegener indicó por primera vez que los continentes de la Tierra habían estado unidos en los primeros tiempos del mundo y que después, moviéndose en distintas direcciones, se separaron y se alejaron unos de otros.
Sin embargo, los geólogos solo pudieron demostrar que Wegener tenía razón 50 años después de su muerte, es decir, en la década de 1980. Como Wegener indicó en un artículo que publicó en 1915, las masas de tierra firme estaban unidas entre sí hace unos 500 millones de años, y esta gran masa de tierra, llamada Pangea, abarcaba el polo sur.
Hace unos 180 millones de años, Pangea se dividió en dos partes. Uno de estos dos continentes gigantes, que se movieron en distintas direcciones, fue Gondwana, que comprendía también África, Australia, la Antártida y la India. El otro era Laurasia, formada por Europa, América del Norte y Asia sin la India. Tras esta fragmentación, a lo largo de unos 150 millones de años, Gondwana y Laurasia se fragmentaron en distintos momentos en partes más pequeñas.
Estos continentes, surgidos de la fragmentación de Pangea, se deslizan sobre la superficie de la Tierra a una velocidad de unos pocos centímetros al año, cambiando continuamente el límite entre la tierra y el mar.
Este movimiento de la corteza terrestre, descubierto como resultado de las investigaciones geológicas realizadas a comienzos del siglo XX, se explica así en las fuentes científicas:
«La superficie terrestre, de 100 km de espesor, formada por la corteza y el manto superior, se compone de segmentos llamados “placas”. Hay seis grandes placas y numerosas placas pequeñas que forman la superficie terrestre. Según la teoría llamada “tectónica de placas”, estas placas se mueven sobre la Tierra llevando consigo los continentes y el fondo oceánico... Se ha calculado que el movimiento de los continentes es de 1-5 cm al año. A medida que las placas se mueven de este modo, se producen cambios en la geografía del mundo. Por ejemplo, el océano Atlántico se ensancha un poco más cada año».48
Aquí hay que señalar especialmente un aspecto importante: Allah ha descrito en la aleya el movimiento de las montañas como un «pasar». De hecho, el término inglés que los científicos utilizan hoy para este movimiento es «Continental Drift», es decir, «deriva continental».49
Que esta verdad científica, descubierta recientemente por la ciencia, se indique en el Corán es, sin duda, uno de los milagros del Corán.
Los vientos fecundadores
En una aleya del Corán se llama la atención sobre la propiedad «fecundadora» de los vientos y sobre la formación de la lluvia como consecuencia de ello:
«Y enviamos los vientos cargados (de nubes), hacemos descender agua del cielo y os damos de beber con ella».
En la aleya se llama la atención sobre el hecho de que la primera etapa de la formación de la lluvia son los vientos. En realidad, hasta comienzos de este siglo no se sabía que hubiera relación alguna entre el viento y la caída de la lluvia. Que los vientos desempeñan un importante papel «fecundador» en la formación de la lluvia se descubrió mediante los estudios meteorológicos modernos.
Esta propiedad fecundadora de los vientos se produce de la siguiente manera:
En la superficie de los océanos y los mares se forman a cada instante, como resultado de la espuma, innumerables burbujas de aire. Cuando estas burbujas estallan, lanzan al aire miles de partículas de un tamaño de una centésima de milímetro. Estas partículas, llamadas «aerosoles», se mezclan con el polvo que los vientos traen de tierra firme y son transportadas a las capas superiores de la atmósfera. Las partículas que los vientos transportan así a gran altura se combinan allí con el vapor de agua. El vapor de agua, a su vez, se acumula alrededor de estas partículas, se condensa y se convierte en gotas de agua. Estas gotas de agua primero se unen y forman las nubes, y al cabo de un tiempo descienden a la superficie terrestre en forma de lluvia.
Como se ve, los vientos «fecundan» el vapor de agua que se encuentra libre en el aire con las partículas que transportan desde los mares y, de este modo, hacen posible la formación de las nubes de lluvia.
Si los vientos no tuvieran esta propiedad, no se formarían gotas de agua en la alta atmósfera y no existiría nada parecido a la lluvia.
Lo esencial aquí es que este papel decisivo que desempeñan los vientos en la formación de la lluvia fue anunciado hace siglos en una aleya del Corán. Y además en una época en que las personas no tenían ningún conocimiento sobre los fenómenos de la naturaleza...
La medida en la lluvia
Otra información que el Corán da sobre la lluvia es que esta se hace descender con una medida determinada. En la sura az-Zukhruf se dice así:
«Él es Allah, Quien hizo descender del cielo agua en una medida determinada. Con ella devolvemos la vida a una tierra muerta. Así también se os hará salir a vosotros (resucitados de vuestras tumbas el Día de la Resurrección)».
Esta medida en la lluvia se ha determinado igualmente mediante las investigaciones de nuestra época. Según los cálculos, de la superficie terrestre se evaporan 16 millones de toneladas de agua por segundo. Esta cantidad de vapor de agua alcanza en un año los 513 billones de toneladas de agua. Esta es, al mismo tiempo, la cantidad de lluvia que cae sobre la Tierra. Es decir, el agua circula continuamente en equilibrio, «con una medida». La continuidad de la vida en la Tierra está asegurada también gracias a este ciclo del agua. Aunque el ser humano utilizara todos los recursos tecnológicos de que dispone, jamás podría reproducir artificialmente este ciclo.
El agua se mueve constantemente en la Tierra con un orden determinado. La continuidad de la vida en el mundo es posible gracias a este ciclo del agua.
Si se produjera un pequeño cambio en esta cantidad, al poco tiempo surgiría un gran desequilibrio ecológico que pondría fin a la vida. Pero esto nunca ocurre: la lluvia, tal como se indica en el Corán, sigue cayendo sobre la Tierra cada año en la misma cantidad.
Los mares que no se mezclan entre sí
Una propiedad de los mares que los investigadores han determinado en un pasado muy reciente se indica así en la siguiente aleya del Corán:
«Él ha hecho confluir los dos mares. Pero entre ellos hay una barrera; no se mezclan entre sí»
Esta propiedad de los mares indicada en la aleya fue descubierta por los oceanógrafos hace algún tiempo. Se ha comprobado que, debido a una fuerza física denominada «tensión superficial», las aguas de los mares vecinos no se mezclan. La tensión superficial, que se origina en las diferentes densidades de los mares, impide como si fuera un muro que las aguas se mezclen entre sí.
Por supuesto, lo interesante es que esta verdad fue anunciada en el Corán en una época en que las personas no sabían nada de física, ni de tensión superficial, ni de oceanografía.
El sexo del niño
Hasta tiempos recientes, las personas pensaban que el sexo del niño lo determinaban las células de la madre, o suponían que las células procedentes de la madre y del padre determinaban juntas el sexo. Sin embargo, el Corán dio una información diferente al respecto e indicó que lo masculino y lo femenino se crean a partir de «una gota de esperma cuando es eyaculada en el útero»:
La veracidad de esta información que Allah da en el Corán quedó demostrada también científicamente con el desarrollo de ciencias como la genética y la microbiología. Se supo que el sexo lo determinan exclusivamente los espermatozoides procedentes del hombre y que la mujer no desempeña ningún papel en ello.
La causa de la determinación del sexo son los cromosomas.
«Él es Quien creó cada pareja, el varón y la hembra, de una gota de esperma cuando es eyaculada (en el útero)...»
En la imagen se ve el esperma eyaculado en el útero...
El factor principal en la determinación del sexo son los cromosomas. Dos de los 46 cromosomas que determinan la estructura humana se denominan cromosomas sexuales. Estos dos cromosomas son XY en el hombre y XX en la mujer. La razón es que los cromosomas se asemejan a estas letras. El cromosoma Y lleva los genes masculinos, y el cromosoma X, los femeninos.
La formación de un ser humano comienza con la unión de uno de estos cromosomas, que se encuentran en parejas en el hombre y en la mujer. En la mujer, las dos partes de la célula que se divide en dos en vísperas de la fecundación del óvulo llevan el cromosoma X. En el hombre, la célula que se divide en dos produce dos espermatozoides diferentes, que llevan los cromosomas X e Y. Si el cromosoma X de la mujer se une con un espermatozoide del hombre que lleva el cromosoma X, el niño que nazca será una niña. Si se une con un espermatozoide que lleva el cromosoma Y, el niño que nazca será un varón.
Es decir, el sexo del niño que va a nacer depende de cuál de los cromosomas del hombre se una con el óvulo de la mujer.
Sin duda, nada de esto se sabía hasta que surgió la genética, es decir, hasta el siglo XX. Al contrario, en muchos pueblos se creía que el sexo del niño que iba a nacer lo determinaba el organismo de la mujer. Incluso, por este motivo, se reprochaba a las mujeres que daban a luz a niñas.
Sin embargo, el Corán dio a las personas, 13 siglos antes del descubrimiento de los genes, una información que refutaba esta creencia falsa, e indicó que el origen del sexo no es la mujer, sino la gota de esperma procedente del hombre.
«¡Lee en el nombre de tu Señor, que creó de la nada! Creó al hombre de sangre coagulada. ¡Lee! ¡Tu Señor es el más Generoso!» (Corán, 96:1-3).
El «alaq» que queda suspendido en el útero
Si seguimos estudiando la información que Allah da sobre la creación del ser humano, encontramos de nuevo milagros científicos muy importantes.
Cuando el espermatozoide procedente del hombre y el óvulo de la mujer se unen, se forma el primer núcleo del niño que va a nacer. Esta célula única, llamada «cigoto» en biología, se divide y se multiplica sin perder tiempo y poco a poco se convierte en un pequeño «trozo de carne».
Sin embargo, el «cigoto» no crece en el vacío, sino que queda suspendido de la pared del útero. Se adhiere a ella mediante sus prolongaciones, como las raíces que se asientan en la tierra. Mediante estas raíces puede absorber del organismo de la madre las sustancias que necesita para su desarrollo.
Precisamente aquí aparece un milagro muy importante del Corán. Al hablar en el Corán del «cigoto» que se adhiere al útero materno y comienza a crecer, Allah emplea la palabra «alaq».
Traducida del árabe, la palabra «alaq» significa «algo que queda suspendido de un lugar». Es más, esta palabra se emplea también para las sanguijuelas, que se adhieren a la piel y chupan sangre de ella.
Sin duda, el uso de una palabra que señala esta propiedad del «cigoto» que crece en el útero materno demuestra una vez más que el Corán fue revelado por Allah, el Señor de los mundos.
El recubrimiento de los huesos con músculos
Otra información importante indicada en las aleyas del Corán son las etapas del desarrollo del ser humano en el útero materno. Las aleyas anuncian que en el útero materno se forman primero los huesos y que después se forman los músculos, que recubren estos huesos:
«Luego convertimos la gota de esperma en sangre coagulada, luego convertimos la sangre coagulada en un trozo de carne, luego convertimos ese trozo de carne en huesos, luego revestimos los huesos de carne y después lo creamos como una criatura completamente distinta. ¡Bendito sea Allah, el mejor de los creadores!»
La rama de la ciencia que estudia el desarrollo en el útero materno es la embriología. En el campo de la embriología, hasta tiempos recientes se pensaba que los huesos y los músculos se formaban y se desarrollaban a la vez. Por eso, algunos afirmaron durante mucho tiempo que estas aleyas eran contrarias a la ciencia. Sin embargo, las investigaciones microscópicas realizadas con ayuda de tecnologías avanzadas han demostrado que lo que se indica en el Corán es totalmente correcto.
Estas investigaciones microscópicas muestran que en el útero materno tiene lugar un proceso exactamente igual al que se describe en las aleyas. Primero, el tejido cartilaginoso del embrión se convierte en hueso. Después, las células musculares se separan del tejido que rodea los huesos, se unen y recubren estos huesos.
Esto se explica así en la publicación científica titulada «Developing Human» (El ser humano en desarrollo):
«En la sexta semana, como continuación de la condrificación, la primera osificación se produce en la clavícula. Al final de la séptima semana comienza también la osificación en los huesos largos. Mientras los huesos siguen formándose, las células musculares se separan del tejido que rodea el hueso y forman la masa muscular. De este modo, el tejido muscular se divide alrededor del hueso en grupos musculares anteriores y posteriores».50
En resumen, las etapas del desarrollo del ser humano descritas en el Corán coinciden plenamente con los descubrimientos de la embriología moderna.
Las tres etapas del desarrollo del niño en el útero materno
En el Corán se indica que el ser humano es creado en el útero materno mediante una creación en tres etapas:
«Él os crea en el vientre de vuestras madres, creación tras creación, en tres tinieblas. Ese es Allah, vuestro Señor; Suyo es el dominio. No hay más dios que Él. ¿Cómo, entonces, os desviáis?»
Si prestamos atención, en la aleya se señala que el ser humano es creado en el útero materno pasando por tres etapas de desarrollo separadas y diferentes entre sí.
En efecto, hoy la biología moderna ha revelado que el desarrollo embriológico del niño en el útero materno tiene lugar en tres etapas diferentes. Este tema figura entre los conocimientos más básicos de todos los libros de embriología que se utilizan hoy como manuales en las facultades de medicina. Por ejemplo, en la obra titulada «Basic Human Embryology» (Embriología humana básica), considerada una de las principales fuentes sobre embriología, esta verdad se expresa así:
«La vida en el útero consta de 3 etapas: preembrionaria (las primeras 2,5 semanas), embrionaria (hasta el final de la octava semana) y fetal (desde la octava semana hasta el parto)».51
Estas etapas, llamadas en lenguaje médico «trimestres», es decir, «tres períodos», son las distintas etapas del desarrollo del niño. Las características principales de estas tres etapas de desarrollo son las siguientes:
Etapa preembrionaria:
En esta primera etapa, llamada más a menudo «primer trimestre», el «cigoto» se divide y se multiplica y, tras convertirse en una masa de células, se adhiere a la pared del útero. Mientras las células siguen multiplicándose, se organizan en tres capas.
Etapa embrionaria:
La segunda etapa, llamada también «segundo trimestre», dura solo 5,5 semanas, y durante este período el ser vivo se denomina «embrión». En esta etapa, a partir de las capas celulares se forman los órganos y sistemas principales del cuerpo.
Etapa fetal:
En la etapa llamada «tercer trimestre» del embarazo, el embrión pasa a denominarse «feto». Esta etapa comienza a partir de la octava semana del embarazo y continúa hasta el parto. Lo que la distingue de la etapa anterior es que se trata de un ser con la apariencia externa de un ser humano, que se reconoce por su cara, sus manos y sus pies. Aunque al comienzo de la etapa mide 3 cm, todos sus órganos ya se han formado. La característica de esta etapa de 30 semanas es el crecimiento del feto y el cambio de sus dimensiones hasta la semana del parto.
Esta información sobre el desarrollo en el útero materno solo se ha obtenido como resultado de observaciones realizadas con aparatos tecnológicos modernos. Sin embargo, como se ve, también esta información, como muchas otras verdades científicas, fue anunciada de forma milagrosa en las aleyas del Corán.
«Hemos encomendado al ser humano (que haga el bien) a sus padres. Su madre lo llevó (en su vientre) en estado de gran debilidad, y su destete tiene lugar en el plazo de dos años. (Le ordenamos al ser humano:) “Sé agradecido conmigo y con tus padres. ¡A Mí es el retorno final!”»
Que en el Corán se diera una información tan detallada y correcta en una época en que la humanidad no tenía ningún conocimiento detallado en el campo de la medicina es, por supuesto, una prueba clara de que el Corán es la Palabra de Allah.
La leche materna
La leche materna es un alimento incomparable creado por Allah para satisfacer por completo la necesidad de alimento del niño y protegerlo de posibles infecciones. Ni siquiera los alimentos infantiles elaborados con la tecnología de nuestra época sustituyen a este alimento milagroso.
Los beneficios de la leche materna para el niño se determinan cada vez más. Una de las verdades que la ciencia ha descubierto sobre la leche materna es que alimentar al niño con leche materna durante 2 años es sumamente beneficioso. Allah nos comunicó hace 14 siglos esta importante información, recién descubierta por la ciencia, con la aleya «... su destete tiene lugar en el plazo de dos años...».
Conclusión
Toda la información que hemos examinado nos muestra claramente una verdad. El Corán es un libro en el que todas las noticias dadas han resultado ciertas, y en cuyas aleyas se anunciaron verdades que en aquella época ningún ser humano conocía. Por supuesto, esta es una prueba evidente de que el Corán no es palabra humana. El Corán es la palabra de Allah, el Altísimo, que creó todo de la nada y que abarca con Su conocimiento a todos los seres.
En una aleya, Allah dice así sobre el Corán:
«Si procediera de otro que no fuera Allah, sin duda habrían encontrado en él muchas contradicciones»
Así como en el Corán no hay ninguna contradicción, cada información que en él se da revela cada vez más nuevos milagros de este Libro Divino. Lo que corresponde al ser humano es aferrarse a este Libro Divino enviado por Allah y aceptarlo como su guía. En una de Sus aleyas, Allah nos dice así:
«Este (el Corán) es un Libro bendito que hemos revelado. Seguidlo y temed a Allah, para que quizá se os tenga misericordia»