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Milagros del Corán: La Tierra

Contenido
  1. El Universo
  2. La Tierra
  3. El mundo vivo
  4. El ser humano
  5. Salud y nutrición
  6. Profecías
  7. Historia
  8. Notas

La redondez de la Tierra

Las palabras utilizadas en el Corán para describir el universo son realmente notables. El término árabe que se traduce aquí como “enrollar” (o “envolver”) es yukawwir.

«El ha creado los cielos y la tierra con la verdad. El enrolla (envuelve) la noche en el día, y envuelve el día en la noche.»

Sura az-Zumar, 39:5

Las palabras utilizadas en el Corán para describir el universo son realmente notables. El término árabe que se traduce aquí como “enrollar” (o “envolver”) es yukawwir. En español significa “hacer que una cosa sea envuelta por otra, plegándola como si fuera una tela extendida” (Por ejemplo, en los diccionarios árabes, esta palabra es utilizada para la acción de enrollar una cosa alrededor de otra, en la forma en que se arma un turbante).

La descripción que da el versículo sobre el día y la noche envolviéndose mutuamente implica una información precisa sobre la forma del mundo. Esto sólo puede ser verdad si la tierra es redonda. Lo cual significa que en el Corán, revelado en el siglo VII, la redondez de la tierra se encontraba ya insinuada.

Es preciso no olvidar que en aquella época la astronomía concebía al mundo de manera diferente: se pensaba que era una superficie plana y todos los cálculos y explicaciones científicas se basaban en esta convicción. No así el Corán, que siendo la Palabra de Dios, utiliza términos más precisos cuando se ocupa de describir el universo. Comunicó así estos hechos, que recién se convalidaron en siglos recientes, hace más de 1400 años.

La función de las montañas

El versículo dice que las montañas cumplen la función de evitar sacudidas en la Tierra. Esto era totalmente desconocido en la época de la revelación del Corán y recién se supo como resultado de las investigaciones geológicas…

El versículo dice que las montañas cumplen la función de evitar sacudidas en la Tierra. Esto era totalmente desconocido en la época de la revelación del Corán y recién se supo como resultado de las investigaciones geológicas modernas.

Antes se pensaba que las montañas eran solamente protuberancias que se elevaban sobre la superficie terrestre, hasta que los científicos descubrieron que sus partes conocidas como raíces se hundían por debajo de la superficie con una extensión 10 a 15 veces superior a la parte exterior. En consecuencia, las montañas juegan un papel similar al de un clavo o estaca que sostiene firmemente una tienda de campaña. Por ejemplo, el Monte Everest, con una altura de unos 9 kilómetros, posee una raíz que supera los 125 kilómetros (77,7 millas).9

Las montañas aparecen como resultado de los movimientos y colisiones de las placas que forman la corteza terrestre. Al colisionar dos de ellas, la más fuerte se desliza y se extiende profundamente por debajo de la otra que se comba y forma las montañas.

Un texto científico describe así su estructura:

El profesor Siaveda, renombrado geólogo especialista de zonas submarinas, dijo lo siguiente respecto a la manera en que las montañas se presentan como la copa de un árbol vinculada a sus raíces:

Por otra parte, el libro Tierra, usado durante años como libro de texto en muchas universidades y escrito por el anterior presidente de la Academia nacional de Ciencias doctor Frank Press, dice que las montañas son como estacas enterradas profundamente.12

En otros versículos se compara a ese papel de las montañas con el de las “estacas”:

«¿No hemos hecho de la tierra lecho y de las montañas estacas?»

Sura an-Naba, 78:6-7

En otro versículo se revela que Dios fijo las montañas (Corán, 79:32). La palabra arsaahaa significa aquí “fue enraizada, fijada, clavada en la tierra”. Del mismo modo, las partes de la montaña que se extienden por arriba y por debajo de la superficie también están “clavadas” una con otra, lo que lleva a que fijen la corteza terrestre y eviten que se deslice sobre el magma y entre los estratos. En resumen, se puede comparar a las montañas con los clavos que mantienen unidos dos pedazos de madera. El efecto de fijación de las montañas es conocido como isostasia en la literatura científica. Se denomina así al equilibrio entre la fuerza hacia arriba creada por el manto y la fuerza hacia abajo creada por la corteza terrestre. Por un lado, la montaña pierde masa debido a la erosión (desprendimiento de tierra o derretimiento de glaciares), mientras que por otra parte gana masa mediante la formación de nuevos hielos o de nuevas capas de tierra o piedra debido a las explosiones volcánicas. En consecuencia, al perder peso son empujadas hacia arriba en función de la presión ascendente implementada por los líquidos, pero al volverse más pesadas la fuerza de gravedad las empuja al interior del manto. A ese equilibrio entre ambas fuerzas se lo denomina isostasia. Esta propiedad de las montañas se describe así en una fuente científica:

Hoy día sabemos que la capa externa pétrea de la superficie de la Tierra está hendida por profundos quiebres e imperfecciones. Dado que el planeta gira muy rápidamente sobre su eje, esas placas se moverían si no fuese por el efecto fijador de las montañas. Si se moviesen, no se formarían el suelo ni la superficie del planeta y el agua no se acumularía allí, las plantas no crecerían y no se podrían construir edificios ni caminos. En resumen, sería imposible la vida. Sin embargo, gracias a la misericordia de Dios, las montañas actúan como clavos y evitan, en gran medida, el movimiento de la superficie terrestre.

Este papel vital de las montañas, descubierto por los geólogos y sismólogos modernos, fue revelado en el Corán hace siglos, como ejemplo de la sabiduría suprema en la creación de Dios.

«… Ha fijado en la tierra las montañas para que ellas y vosotros no vaciléis…»

Sura Luqman, 31:10

El movimiento de las montañas

Se nos informa en un versículo coránico que las montañas no están inmóviles como parece, sino que están en constante movimiento.

Se nos informa en un versículo coránico que las montañas no están inmóviles como parece, sino que están en constante movimiento.

«Verás pasar a las montañas, que tú creías inmóviles, como pasan las nubes…»

Sura an-Naml, 27:88

Este movimiento de las montañas es provocado por el desplazamiento de la corteza terrestre sobre la cual están ubicadas. La corteza terrestre “flota” sobre la capa del manto, que es más densa. El primero en sugerir que los continentes debieron estar todos unidos al principio y que luego flotaron a la deriva en diferentes direcciones separándose unos de otros fue el científico alemán Alfred Wegener (1880-1930). Los geólogos comprendieron que estaba en lo cierto recién en el decenio de 1980, cincuenta años después de su muerte. Como señaló Wegener;

Hay algo que es muy importante señalar aquí: Dios se ha referido en el versículo al movimiento de las montañas como una acción de flotar a la deriva. Hoy día la ciencia moderna también usa el término “deriva de los continentes” para referirse al desplazamiento de los continentes.15

Es imposible que la deriva continental se haya podido observar en la época de la revelación coránica. Pero Dios indicó claramente cómo se lo debía entender: Verás pasar las montañas, que tú creías inmóviles… (Corán, 27:88). Correcto. Después describe una imagen al decir que pasan como nubes. Pero se llama la atención con toda claridad sobre el movimiento del estrato donde se encuentran fijadas las montañas.

Sin lugar a dudas es un gran milagro que esta realidad científica fuese descubierta por la ciencia sólo recientemente, aunque haya sido revelada en el siglo VII, cuando la concepción sobre la naturaleza del universo se basaba en las supersticiones y los mitos. Esta es otra prueba muy importante de que el Corán es la palabra de Dios.

La proporción de lluvia

Uno de los datos que suministra el Corán sobre la lluvia consiste en que ella es derramada sobre la tierra en una medida definida. Esto se menciona en la Sura Zujruf (El lujo) en estos términos:

Uno de los datos que suministra el Corán sobre la lluvia consiste en que ella es derramada sobre la tierra en una medida definida. Esto se menciona en la Sura Zujruf (El lujo) en estos términos:

«Es El Quien hace descender agua del cielo en una medida definida, y con ella revivimos una tierra muerta. Del mismo modo se os hará surgir (de la muerte el día de la resurrección)»

Sura az-Zukhruf, 43:11

Esta medida global de la lluvia también ha sido descubierta por las investigaciones modernas. Se estima que en un segundo se evaporan de la superficie terrestre aproximadamente 16 millones de toneladas de agua. En un año el número asciende a 513 billones de toneladas, y ésta equivale a la cantidad de lluvia que cae sobre la tierra en el mismo período. Esto significa que el agua circula continuamente en un ciclo equilibrado, según una “medida” definida. La vida sobre la tierra depende de este ciclo del agua. Aunque los hombres utilizaran toda la tecnología disponible hoy día en el mundo serían incapaces de reproducir este ciclo artificialmente.

Incluso un pequeño desvío en este equilibrio provocaría rápidamente un grave desajuste ecológico que pondría fin a la vida aquí. No obstante esto nunca ocurre, y la lluvia continúa cayendo cada año exactamente en la misma proporción tal cual fue revelado en el Corán.

La proporción de lluvia no tiene que ver simplemente con la cantidad sino también con la velocidad de caída de sus gotas que, independientemente de sus medidas, no exceden cierto límite.

El alemán Philipp Lenard, Premio Nobel de física en 1905, halló que la velocidad de descenso de la gota aumentaba con el mayor diámetro de la misma hasta que llegaba a 4,5 centímetros (0.18 pulgadas). La velocidad de caída no pasaba de los 8 metros/segundo (26 pies/segundo) con gotas de mayor diámetro. Eso lo atribuyó a la modificación de la forma que sufría la gota al aumentar de tamaño debido al flujo de aire. Esa modificación incrementaba la resistencia del aire y la gota disminuía su velocidad.

Como podemos ver, el Corán también atrae nuestra atención sobre la sutil corrección en el valor de caída de la lluvia, lo cual era totalmente desconocido para el ser humano hace 1.400 años.

La formación de la lluvia

El proceso de formación de la lluvia fue un gran misterio durante largo tiempo. Sólo después que se inventara el radar meteorológico fue posible descubrir las distintas fases en su generación.

El proceso de formación de la lluvia fue un gran misterio durante largo tiempo. Sólo después que se inventara el radar meteorológico fue posible descubrir las distintas fases en su generación. Según las investigaciones se produce en tres etapas. En primer lugar la “materia prima” de la lluvia asciende en la atmósfera impulsada por el viento. Luego se forman las nubes, y por último aparecen las gotas de lluvia.

El relato coránico sobre la formación de la lluvia se refiere exactamente a este proceso. En un versículo se lo describe de la siguiente manera:

«Dios es Quien envía los vientos que levantan las nubes y El las esparce por el cielo como El quiere. Las fragmenta en racimos oscuros y entonces ves que sale de dentro de ellas la lluvia. Cuando la derrama sobre aquellos que El quiere de Sus siervos, he aquí que éstos se regocijan»

Sura ar-Rum, 30:48

Examinemos ahora más técnicamente las distintas etapas delineadas en el versículo.

Primera etapa: “Dios es Quien envía los vientos...”.

Innumerables burbujas que se forman en los océanos están constantemente estallando y provocando así que minúsculas partículas de agua sean proyectadas hacia la atmósfera. Estas partículas, ricas en sales, son transportadas por los vientos y ascienden en la atmósfera. A dichas partículas se las denomina aerosoles (dispersión coloidal de un sólido o líquido en un gas), y funcionan como trampas de agua que forman nubes de gotas que juntan alrededor de ellas vapor de agua que asciende desde los océanos en forma de diminutas gotitas.

Segunda etapa: “... y El las esparce por el cielo como El quiere. Las fragmenta en racimos oscuros...”.

Las nubes se forman con vapor de agua que se condensa alrededor de los cristales de sal o de partículas de polvo en el aire. Las nubes están suspendidas en el cielo y esparcidas o cubriéndolo porque las gotas de agua en ellas son muy pequeñas con un diámetro entre 0,01 y 0,02 mm. (0,004 y 0,008 pulgadas).

Tercera etapa: “... y entonces ves que sale de dentro de ellas la lluvia...”.

Las minúsculas partículas de agua que rodean a los cristales de sal y a las partículas de polvo se condensan y espesan formando las gotas de lluvia que, al volverse más pesadas que el aire, dejan las nubes y caen al suelo en forma de aguacero.

Como vemos, cada etapa en la formación de la lluvia está descripta claramente en el Corán. Más aún, están explicadas exactamente en su secuencia correcta. Dios expone de la forma más ajustada este fenómeno natural, al igual que muchos otros, y los hace conocer a través del Corán siglos antes de que el ser humano se percate de los mismos.

En otro versículo se da la siguiente información sobre la generación de la lluvia:

«¿No ves que Dios empuja las nubes y las agrupa, y, luego, forma pilas (nubarrones), y entonces ves salir la lluvia de ellas? El hace descender del cielo montañas (de nubes) en las cuales hay granizo, azotando con él a quien El quiere, y desviándolo de quien El quiere. El resplandor de su relámpago casi deja sin vista.»

Sura an-Nur, 24:43

Estudiando los tipos de nubes, los científicos se han topado con sorprendentes resultados en lo referente a la formación de las nubes de lluvia. Estas se forman según un sistema y etapas definidas. En la formación de los cumulonimbos (o cumulus nimbus ), un tipo de nube de lluvia, se observan las siguientes etapas:

Primera: Desplazamiento: las nubes son transportadas, esto es, empujadas por el viento.

Segunda: Unión: Luego, nubes pequeñas (cumulonimbo) conducidas por el viento se juntan con otras y forman una más grande.17

Tercera: Apilamiento: cuando las nubes pequeñas se unen, las corrientes ascendentes dentro de la nube más grande se incrementan. Las corrientes ascendentes cerca del centro de la nube son más fuertes que las cercanas a los bordes, y esto provoca que el cuerpo de la nube crezca verticalmente, y así se apila hacia arriba. Este crecimiento vertical provoca que el cuerpo de la nube se estire hacia regiones más frías de la atmósfera, donde comienzan a formarse gotas de agua y granizo que crecen más y más.

Cuando estas gotas de agua y granizo se vuelven demasiado pesadas para ser sostenidas por las corrientes ascendentes, comienzan a desprenderse de la nube en forma de lluvia, granizo, etc.18

Debemos recordar que los meteorólogos sólo recientemente han descubierto estos detalles sobre la formación de las nubes, su estructura y función, y esto gracias a la utilización de equipos modernos como aviones, satélites, computadoras, etc. Resulta evidente que Dios nos ha dado en esto una información que no podía conocerse 1400 años atrás.

Los vientos fecundantes

El carácter “fecundante” de los vientos y la consecuente formación de la lluvia son mencionados en un versículo del Corán de esta forma:

El carácter “fecundante” de los vientos y la consecuente formación de la lluvia son mencionados en un versículo del Corán de esta forma:

«Nosotros enviamos los vientos fecundadores, y así hacemos descender agua del cielo con que os damos de beber...»

Sura al-Hijr, 15:22

En este versículo se señala que la primera etapa en la formación de la lluvia le corresponde al viento. Hasta principios del siglo XX la única relación entre el viento y la lluvia era la ya conocida, que el viento empujaba las nubes. Sin embargo los modernos hallazgos en meteorología han demostrado el rol “fecundante” del viento en la formación de la lluvia.

Como explicamos antes, esta función fecundante del viento opera de la siguiente forma:

En virtud de la capacidad que tiene el agua, de generar espuma se forman en la superficie de los océanos innumerables burbujas que, al estallar, liberan en el aire minúsculas partículas, con un diámetro de un centésimo de milímetro. Estas partículas conocidas como “aerosoles” se mezclan con el polvo arrastrado de la tierra por el viento, son transportadas a las capas superiores de la atmósfera y entran en contacto con el vapor de agua, el cual se condensa alrededor de las mismas. De esa manera se forman las gotitas de agua que primero se juntan formando nubes y luego caen al suelo en forma de lluvia.

Como puede verse los vientos “fecundan” el vapor de agua, que flota en el aire, con las partículas que arrastran desde el mar y eventualmente coadyuvan a la formación de las nubes de lluvia.

Si los vientos no poseyeran esta propiedad jamás se formarían las gotitas de agua en la atmósfera superior, y no existiría algo como la lluvia.

El punto más importante aquí es que este rol crítico del viento en la formación de la lluvia fue expuesto hace siglos en un versículo del Corán, en una época en que la gente sabía muy poco sobre los fenómenos naturales.

El versículo provee más información acerca de la cualidad fertilizadora del viento al referirse a su papel en la polinización de las flores. Muchas plantas dispersan su polen por medio del viento para asegurarse la supervivencia de la especie. Hasta ahora se desconocía que diversas plantas como el pino, la palmera, etc., con flores y semillas, así como cierta variedad de hierbas, son polinizadas en su totalidad por el viento al llevar éste el polen de una planta a otra de la misma especie. Cuando se comprobó que las plantas se dividen en machos y hembras, se descubrió también el papel del viento. Esta realidad ya estaba señalada en el Corán:

«(Quien os ha) hecho bajar agua del cielo. Mediante ella, hemos sacado toda clase de plantas.»

Sura Ta-Ha, 20:53

Los mares no se mezclan entre sí

En un versículo del Corán se describe una propiedad de los mares que sólo ha sido descubierta recientemente:

En un versículo del Corán se describe una propiedad de los mares que sólo ha sido descubierta recientemente:

«Ha dejado fluir a los dos mares, para que converjan, pero los separa una barrera que no rebasan»

Sura ar-Rahman, 55:19-20

Esta propiedad de los mares, que pese a estar en contacto entre sí, no se mezclan, ha sido descubierta sólo recientemente por los oceanógrafos. En virtud de una propiedad física llamada “tensión superficial”, las aguas de mares vecinos no se mezclan. Esta tensión superficial, provocada por la diferencia de densidad de sus aguas, impide que éstas se mezclen, exactamente como si hubiera una delgada pared entre ellas.19

Es notable que en una época en que la gente no tenía conocimientos de física, de la tensión superficial o de la oceanografía, este hecho fuera revelado en el Corán.

La oscuridad y las olas internas en los océanos

En la obra “Océanos” se describe el ambiente general de los mares en los siguientes términos:

«(La obra de los incrédulos) es como tinieblas en un mar profundo al que cubren olas sobre las que hay otras olas, encima de las cuales hay nubes. Tinieblas sobre tinieblas. Si extendiera su mano apenas la distinguiría. A quien Dios no le da luz no tendrá ninguna luz»

Sura an-Nur, 24:40

En la obra “Océanos” se describe el ambiente general de los mares en los siguientes términos:

Actualmente conocemos la estructura general del mar, las características de los seres vivos que lo habitan, su salinidad, así como la cantidad de agua que contiene, su profundidad y superficie. Los submarinos y otros equipamientos especiales desarrollados por la moderna tecnología han permitido a los científicos obtener esta información.

El ser humano es incapaz de sumergirse -salvo rara excepción- más de 70 metros (230 pies) sin la ayuda de equipos especiales. No puede sobrevivir en absoluto en las partes profundas y oscuras de los mares y océanos, como por ejemplo a 200 metros (660 pies) por debajo de la superficie de los mismos. Es por esta razón que sólo recientemente los científicos han descubierto estos datos sobre los océanos. Y no obstante ello, la información de que lo profundo del océano está en tinieblas fue suministrada por el Corán hace 1400 años. Y por cierto es uno de los milagros del Corán que tal dato fuera aportado en una época en que el hombre no disponía de equipos para sumergirse en las profundidades del mar.

Por otro lado, la afirmación del mismo versículo 40 de la Sura An- Nur ... es como tinieblas en un mar profundo al que cubren olas sobre las que hay otras olas, encima de las cuales hay nubes... llama nuestra atención sobre otro milagro de este libro revelado.

Recientemente los científicos han descubierto que hay olas internas en el mar, que “se producen en la superficie de separación entre dos capas de diferente densidad”. Estas olas internas cubren el agua profunda de los mares y océanos porque ella tiene una mayor densidad que el agua que está por encima. Las olas internas actúan como las olas de la superficie, y pueden romper igual que lo hacen estas últimas. Si bien no pueden ser vistas por el ojo humano pueden ser detectadas estudiando los cambios de temperatura o salinidad en un lugar determinado.21

Lo que expresa el Libro corre absolutamente en paralelo con la explicación antes mencionada. Por cierto que este hecho, que los científicos han descubierto muy recientemente, muestra una vez más que el Corán es la Palabra de Dios.