La manera de hablar de un musulmán: Emplear el Corán como guía en la forma de hablar
Contenido
- Introducción
- La importancia que tiene la forma de hablar de un musulmán
- Las características de la manera de hablar de un musulmán
- Alabar el poder de Allah
- Recordar a Allah con frecuencia
- Invocar a Allah por medio de Sus Bellos Nombres
- Hablar sabiendo que Allah está contigo en todo momento
- Hablar sin asociar nada ni a nadie con Allah
- Hablar para alabar y exaltar a Allah
- Hablar sabiendo lo desvalido que se está ante Allah
- Emplear el Corán como guía en la forma de hablar
- Hablar confiando en Allah
- Hablar sabiendo que la vida de este mundo es pasajera
- Hablar mostrando preocupación por lo que es lícito e ilícito
- Disfrutar de lo bueno y prohibir lo malo
- Hablar con sabiduría
- Hablar con sinceridad
- Decir la verdad
- Hablar sensata y lógicamente
- Dar buenas noticias
- Hablar para suscitar la alegría y el entusiasmo
- Hablar con suma amabilidad
- Hablar de manera comedida, cortés y respetuosa
- Hablar con humildad
- Hablar con tolerancia e indulgencia
- Consultar
- Decir ‘¡Lo que Dios quiera será, pues no hay poder sino en Dios!’
- Hablar bien a nuestros padres
- No criticar ni hablar a espaldas de los demás
- Evitar la sospecha y la calumnia
- No hablar burlándose de alguien
- Evitar hablar con codicia y envidia
- No hacer declaraciones vacías y triviales
- No interrumpir y hablar con calma
- Evitar hablar con hipocresía
- Evitar una manera de hablar que de lugar a dudas
- Evitar un discurso inquisitivo e indiscreto
- Evitar declaraciones que conducen al mal
- Evitar la ofuscación
- No celebrar reuniones secretas
- Los efectos que se derivan de la manera de hablar de un musulmán
- Conclusión

En la siguiente aleya del Corán: “Una escritura divina [es ésta —una revelación] que hemos hecho descender sobre ti para que saques a toda la humanidad, con la venia de su Sustentador, de las tinieblas a la luz: al camino que lleva al Todopoderoso, el Digno de Toda Alabanza.” (Corán, Abraham, Ibrahim, 14: 1), Allah explica que una de las bendiciones que se nos dispensa al haber enviado el Corán es “para que saques a toda la humanidad, con la venia de su Sustentador, de las tinieblas a la luz.”
El Corán ha estado bajo la protección de Allah desde que fue revelado por vez primera hasta el presente, y no ha sufrido ninguna alteración. Se envió como admonición y aviso a las personas; para los creyentes, es la fuente de cura, guía y una misericordia. Sus palabras son las más nobles; distinguen el bien del mal y guían a quienes las siguen hacia el verdadero camino.
Quienes comprenden la sabiduría divina del Corán lo toman como guía. Puesto que han aceptado las aleyas del Corán con todo su corazón, la moral expuesta en él se refleja siempre en su forma de hablar. En cada etapa de sus vidas, ya tomen una decisión, o hablen, u ofrezcan una interpretación de alguna cuestión, utilizan el Corán como guía de manera habitual. Por tanto, cada palabra, cada decisión y cada consejo que ofrecen es de acuerdo al Corán. Quienes hablan utilizando el Corán como guía participan invariablemente en cualquier conversación del mejor modo posible, porque las aleyas del Corán reconstruyen y erradican cualquier tipo de lógica equivocada, sacando la verdad a la luz. Allah lo explica en la siguiente aleya:
“Por el contrario, [por el acto mismo de la creación] lanzamos a la verdad contra la falsedad, y la aplasta: y, ¡he aquí! que se desvanece. “ (Corán, ,Los profetas, Al-Anbiya’, 21: 18)
Las palabras que se pronuncian según la moral explicada en el Corán son cura y misericordia para los sinceros. Quienes las escuchan con la intención de beneficiarse de sus consejos, o para obtener un buen provecho de ellas, o para analizar la sabiduría que encierran, encuentran la verdad por medio de estas conversaciones (si Allah así lo desea).
Además, la forma de hablar de quienes lo hacen según la guía del Corán adquiere sabiduría. Cada ejemplo que utilizan, cada punto sobre el que llaman la atención, y cada detalle que enfatizan, resultan efectivos e incitan a la reflexión. Animan a quienes les escuchan a pensar sincera y honestamente, y a ejercitar sus conciencias. Puesto que su discurso es sincero, emana de sus corazones y defiende lo correcto, su poder para influenciar a los demás es grande. Quienes son capaces de evaluar lo que escuchan según su conciencia pueden verificar la verdad de sus afirmaciones con certeza. Quienes escuchan pero no son sinceros y lo hacen con prejuicios no desean ver la sabiduría y la verdad que encierran las palabras de los creyentes sino que tratan de distorsionarlas por medio de la calumnia. Incapaces de comprender que se trata de la sabiduría de las aleyas del Corán la que ha reforzado el discurso de los creyentes, intentan explicarlo por medio de suposiciones ridículas. El hecho es que estos efectos están inducidos por la fe y resultan fácilmente accesibles para todos aquellos que se amoldan al Corán y lo aceptan como guía. Sin embargo, esto es algo que los incrédulos no llegan a comprender.
En el Corán hay una serie de ejemplos de lo que acabamos de exponer. Por ejemplo, cuando se enfrentaban a la franqueza y sabiduría del Profeta Muhammad, los incrédulos y paganos se mostraban altamente consternados. En un corto período de tiempo, el mensaje de nuestro Profeta Muhammad conmovió e impresionó a un gran número de personas, y su obediencia y sumisión a dicho mensaje causaron una enorme consternación entre los incrédulos. Puesto que no podían comprender las aleyas del Corán, que impregnaban las afirmaciones de nuestro Profeta de sabiduría y efectividad o, mejor dicho, como rehusaban aceptarlas, buscaban avivar falsas acusaciones en su contra, tales como que era un mago o simplemente un poeta. De hecho, como pasa con todos los seres humanos, fue Allah quien inspiró en los Profetas el poder de su discurso. En las aleyas del Corán se afirma:
(2) Vuestro paisano no se ha extraviado, ni se engaña, (3) ni habla por capricho: (4) eso [que os transmite] no es sino una inspiración [divina] con la que está siendo inspirado. (Corán, El despliegue, An-Najm, 53: 2-4)
Como podemos comprobar por estas aleyas, las palabras de nuestro Profeta no sólo fueron extremadamente efectivas sino que estaban impregnadas de sabiduría, porque recitaba del Corán, un libro que es la palabra de Allah. Era Allah Quien impartía la fe e influenciaba los corazones de quienes escuchaban sus palabras y creían. Quienes no aprecian la grandeza de Allah cometen un grave error, buscando vanamente lograr influencia y sabiduría por otros medios.
Hablar sabiendo la certitud del destino y la verdad de que existe algo bueno en todas las cosas Allah ha dispuesto un destino específico para cada ser viviente. Todo lo que las personas experimentan a lo largo de sus vidas, o cada tarea que llevan a cabo, o cada palabra que pronuncian, lo predeterminó Allah antes incluso de que nacieran. Además, puesto que Allah está por encima de la noción del tiempo, la vida de todas las cosas se experimenta y concluye ante Él. Sin embargo, una persona que se encuentra atada a dicha noción sólo puede experimentar la vida a través del tiempo (siguiendo el orden del calendario). Al igual que alguien que hoy cumple cuarenta años ha vivido cuarenta años, los cuarenta años que le quedan (asumiendo que el promedio de vida de una persona sea de ochenta años) los abarca Allah. Sin embargo, un humano sólo puede ser testigo y experimentar estos acontecimientos a través del tiempo, o durante el período de cuarenta años que se extiende ante él.
En resumen, lo que describimos como futuro, o la secuencia de eventos que están aún por ocurrir, ya ha empezado y terminado para la eterna sabiduría de Allah. Todo lo que ya ha ocurrido ante Allah constituye el destino de una persona. A todo el mundo se le otorga un destino del que no puede escapar. Así como no podemos cambiar el pasado, no podemos cambiar el futuro, porque ambos ya han ocurrido para Allah. Sin embargo, algunas personas, como no disponen de esta clarividencia, creen que su futuro se encuentra en sus propias manos. Por tanto, al no creer en el destino, caen en el error de asumir que pueden darle forma. Pero toda la vida de una persona es como una película que ya se ha rodado. Si una persona contempla lo que ocurre mientras ve la película, no puede cambiar el guión o intervenir en ella; por tanto, de modo análogo, es imposible que esa persona interfiera en los acontecimientos que tienen lugar según su destino.
En el Corán se nos dice que Allah ha ordenado con antelación un destino específico para todos y cada uno de los individuos y que nadie experimentará nada de lo que no haya sido prescrito.
Ciertamente, lo hemos creado todo en su justa medida y proporción. (Corán, La luna, Al-Qamar, 54: 49)
(22) No ocurre calamidad alguna en la tierra, o en vosotros mismos, que no esté [registrada] en Nuestro decreto antes de que la causemos: realmente, todo esto es fácil para Dios. (23) ¡[Recordad esto,] para que no desesperéis por lo [bueno] que se os ha escapado ni os alegréis [en exceso] por lo [bueno] que os ha llegado: pues Dios no ama a los que, por vanidad, actúan de forma jactanciosa. (Corán, El hierro, Al-Hadid, 57: 22-23)
Como explican estas aleyas, se ha creado un destino específico no sólo para cada uno de los seres humanos sino para todas las criatLA MANERA DE HABLAR DE UN MUSULMÁN. uras animadas e inanimadas, es decir, para todas las cosas. Desde la mesa de madera que tienes en tu casa hasta los zapatos que calzas, desde el plantel de rosas de tu jardín hasta la ropa que tienes en tu armario, desde tus amigos hasta tu gato, todo lo que existe está sujeto al destino que Allah ha determinado Ya están predeterminadas las etapas por las que pasarás tú y las cosas que te pertenecen, como la mesa, el plantel de rosas y tus amigos. Por ejemplo, ya se sabía, en la eternidad que existe ante Allah, quien plantaría la semilla del árbol con el que se hizo la mesa, durante cuanto tiempo y bajo qué condiciones crecería el árbol, cuándo, cómo y quién lo cortaría, a qué aserradero lo llevarían, a qué medida lo cortarían, de qué clase y forma sería la mesa, el que tú decidieras comprarla, dónde la encontrarías, cuándo y en qué lugar de la casa la pondrías, qué comidas tomarías en ella, con quién hablarías sentado a ella y a quién escribirías sobre ella, porque Allah determinó todo ello antes de que nacieses y sabía, como en un único y trascendente momento, cuándo se llevaría a cabo. Sin embargo, tú sólo conocerás todo esto conforme ocurra, secuenciado en el tiempo.

Si una persona no está informada de la realidad del destino, o no comprende esta realidad en su totalidad, puede que actúe sin considerar que está cumpliendo con el destino establecido para él, y se desvíe del buen camino por la secuencia de los hechos que experimenta. Por ejemplo, cuando va a comprar una mesa de comedor para su casa, mira en docenas de tiendas, cambia de opinión una y otra vez, piensa detenidamente, intercambia ideas y discute sus opciones con los que están a su alrededor. Al final, cree que ha tomado una decisión fruto de su propia deliberación. Pero, de hecho, antes de que haya salido a comprar la mesa, ya estaba escrito en su destino la que iba a elegir; por tanto, únicamente buscó, encontró y compró la mesa que ya le estaba predestinada. El intercambio de ideas, las discusiones y dificultades en tomar una decisión también estaban predestinados según el destino que Allah le había prescrito.
Por esto, el que una persona sienta dolor, remordimiento, pena o miedo como respuesta a un suceso en particular, y que malgaste palabras tales como “Si hubiese hecho esto o aquello” o “Si no hubiese ido allí”, o preocuparse del futuro, resulta algo extremadamente inútil porque dicha persona está cumpliendo con una vida que ya ha comenzado y terminado, y los acontecimientos que lamenta son parte de su destino. Por ejemplo, cuando una persona lleva demasiados platos en las manos y se le caen y se rompen, puede que lo lamente diciendo: “Si no hubiese llevado tantos platos no se me hubiesen roto”. Pero lo cierto es que no sabe, o ha olvidado, que ya estaba decidido, para ese preciso instante, dónde y cómo se romperían cada uno de esos platos. De hecho, fue el destino el que los rompió, antes incluso de que los fabricaran o antes de que naciera la persona que iba a romperlos. Uno debería simplemente intentar tener en cuenta todos estos acontecimientos y aprender una lección, entendiendo la sabiduría que se esconde tras ellos. Sin embargo, sentir aflicción sobre estas cosas no tiene sentido porque no tenemos el poder de prevenir lo que nos va a ocurrir. En la siguiente aleya se nos dice que una persona no tiene la capacidad de impedir que se haga la voluntad de Allah: Y [sabe que] si Dios te aflige con una desgracia, nadie sino Él podrá librarte de ella; y si desea un bien para ti, nadie podrá apartar Su favor: Él lo hace llegar a quien quiere de Sus siervos. Y sólo Él es realmente indulgente y dispensador de gracia. (Corán, Jonás, Yunus, 10: 107)
Aquellos que se rinden a su destino saben que al final hay algo bueno en todo por lo que Allah nos hace pasar, incluso aunque parezca algo adverso. Reconocen las bendiciones y la sabiduría que subyace en estos acontecimientos que Allah suscita y le están agradeLA MANERA DE HABLAR DE UN MUSULMÁN. cidos. Si no pueden entenderlos al principio, confían en Allah y Le rezan para que les revele su propósito y la sabiduría que encierran. Si todavía no pueden entenderlos, quienes saben que se pondrán de manifiesto ante ellos el Día del Juicio Final viven con la tranquilidad y consuelo de saber con certeza que Allah es el señor de la justicia eterna, y que es compasivo y misericordioso.
La sumisión y devoción de estas personas se observa claramente en su forma de hablar. En ningún caso emplean palabras como:
“¿Por qué ha pasado esto?” con referencia a los acontecimientos. Hablan sabiendo que Allah ha creado todo de la mejor manera posible, y que cualquier cosa que al principio pueda parecer negativa al final se convertirá en una bendición para ellos.
En el Corán, Allah nos recuerda esta verdad con la siguiente aleya:
“pero puede ser que os desagrade algo y sea bueno para vosotros, y puede ser que améis algo y sea malo para vosotros: Dios sabe y vosotros no.” (Corán, La vaca, Al-Baqara, 2: 216).
Por tanto, cuando se enfrentan a una experiencia que parece un contratiempo, las palabras de los musulmanes sinceros deberían ser: “Mi Señor hace que todo ocurra con un propósito, ciertamente también debe haber algo bueno en esto”, o: “Allah ordenó que esto ocurriera para nuestro beneficio”. Nunca se quejan, como lo haría un ignorante: “¡Ay, qué lástima! ¿Cómo he podido hacer algo así?”, lamentándose de tal modo que sugiera una falta de sumisión y confianza en Allah. Esta manera de hablar, sabiendo que todo y todos fuimos creados con un propósito específico, es importante para los musulmanes a lo largo de toda su vida. No excluyen nada, a nadie, ni a ningún acontecimiento de este saber. Comprenden que, cuando se enfrentan a un contratiempo, reflejan su ignorancia si hablan de modo que se opongan a su destino y, en vez de ello, piensan que lo que les ocurre es algo positivo para su destino. No importa si ellos, o algún otro, cometió un error; no dirán cosas tales como: “¿por qué lo hiciste?”, “no te habría pasado si no hubieses ido allí”. En vez de esto, habla como las personas que han comprendido la verdad en la aleya: “… y todo lo que os sobrevino el día en que se enfrentaron los dos ejércitos ocurrió con la venia de Dios …” (Corán, La casa de Imrán, Al-‘Imran, 3: 166). También saben que los resultados no deseados que acaecen debido a la falta de una toma de precauciones forma parte de su destino. Como alguien que ve una película una y otra vez, contemplando lo mismo escena tras escena. Por ese motivo, hundirse en la pena o el remordimiento y formular excusas ilógicas tales como “si hubiese ocurrido esto, habría ocurrido esta otra cosa” no tiene sentido. Lo que ocurrió fue para bien. Así, en el modo de hablar de un musulmán no tienen cabida la ira, furia, tensión, queja, disgusto, pánico, temor o preocupación.
Incluso ante los sucesos más difíciles y problemáticos, los creyentes intentan descubrir lo bueno que ocultan así como las posibles consecuencias que les podrían proporcionar beneficios, y habla de ellos con sinceridad. Quienes actúan como musulmanes ayudan a ahuyentar el pánico y las preocupaciones al influenciar positivamente a los que les rodean.
En el Corán, Allah indica a los creyentes la manera de hablar que se requiere en períodos de dificultad en la siguiente aleya: Di:
“¡Nada nos puede sobrevenir salvo lo que Dios ha decretado! Él es nuestro Señor Supremo; y ¡qué en Dios pongan los creyentes toda su confianza!” (Corán, El arrepentimiento, At-Tawba, 9: 51)
En otra aleya, se llama nuestra atención al modo humilde en que hablan los creyentes, es decir, quienes saben que el destino o cualquier cosa que ocurre al final ha sido decretada para su beneficio: que cuando les sucede una desgracia, dicen:
“En verdad, de Dios somos y, ciertamente, a Él hemos de volver.” (Corán, La vaca, Al-Baqara, 2: 156).
La recompensa que Allah dará a aquellos que comprendan esta verdad se describe en esta aleya:
“¡Sobre ellos se derraman la gracia y las bendiciones de su Sustentador, y ellos son los que están en el camino recto! .” (Corán, La vaca, Al-Baqara, 2: 157)
La forma de hablar de un creyente cuando dice, refiriéndose a su destino, que hay algo bueno en todas las cosas que ocurren es muy diferente del discurso “consolador”, “tranquilizador” o “de papagayo” de alguien que está alejado de la moral del Corán. Cuando se enfrentan a situaciones similares, algunos de los que no han adoptado la moral que divulga el Corán pueden usar expresiones tales como: “no hay mal que por bien no venga”. Sin embargo, existe una cierta diferencia en el modo como las emplean. Los musulmanes lo dicen de corazón, sinceramente, desde el fondo de sus almas y con carácter definitivo. No importa las veces que salga esa frase de la boca de quienes hacen gala de una moral corrompida, el hecho de que no la pronuncian como una creencia sincera se revela en la falta de confianza en Allah, que se refleja en su comportamiento.